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3 de agosto del 2006

‘No darás falso testimonio contra tu prójimo’ 

Segunda Parte

En la edición anterior de The Catholic Sun, empezamos nuestra consideración del octavo mandamiento.  Notamos que dar testimonio a la verdad requiere más que no mentir.  También recordamos como los grandes héroes de la fe, los mártires, son conocidos especialmente como testigos fieles siguiendo el modelo de Jesús. 

En la Segunda Parte, examinaremos con más de-talle algunas de las ofensas en contra de la verdad con las que nos enfrentaremos frecuentemente hoy día. Miraremos las grandes mentiras que oscurecen a la sociedad y que traen una “Cultura de Muerte.” En la Tercera Parte, en la próxima edición de The Catholic Sun, consideraremos los pequeños engaños que poco a poco corrompen el corazón. 

Mentiras grandes en la sociedad de hoy

El Papa Juan Pablo II nos advirtió sobre la “Cultura de Muerte” que se impuso de  manera tan subrepticia en el siglo 20 y hasta el 21.  Quizás nadie personifica la “Cultura de Muerte” más completamente que el líder de los Nazis, Adolfo Hitler.  En su libro infame Mein Kampf, él razonó que una mentira grande es más eficaz que una pequeña.  Mientras más grande sea la mentira, más eficaz se hace, mantuvo él.  Luego, basado en mentiras como la de la superioridad de la raza Aria y la inferioridad de los Judíos y los Gitanos, él se propuso a controlar el mundo entero.  

 Aunque Hitler no triunfó y sabemos sin duda que Cristo ha conquistado el pecado y la muerte, definitivamente venciendo la falsedad y el odio, no debemos de olvidar los engaños de Satanás, el padre de las mentiras, mientras él continua en vano su lucha en contra del Reino de Dios.  La manifestación más patente de la obra del diablo en nuestro tiempo se encuentra en la “Cultura de Muerte” la cual está edificada sobre mentiras inventadas de una manera astuta, muchas veces escondidas en ambigüedad.

Lenguaje ambigüo

La cultura de muerte avanza por medio del uso incorrecto y astuto del lenguaje lo cual  hace más difícil que la gente distinga lo bueno y lo malo, incluso cuando amenaza la vida humana. Con respecto a esto, Juan Pablo II escribió en su encíclica Evangelium Vitae (#58) “Ante una situación tan grave, se requiere más que nunca el valor de mirar de frente a la verdad y de llamar a las cosas por su nombre, sin ceder a compromisos de conveniencia o a la tentación de autoengaño…Precisamente en el caso del aborto se percibe la difusión de una terminología ambigua, como la de ‘interrupción del embarazo,’ que tiende a ocultar su verdadera naturaleza y a atenuar su gravedad en la opinión pública. Quizás este mismo fenómeno lingüístico sea síntoma de un malestar de las conciencias. Pero ninguna palabra puede cambiar la realidad de las cosas: el aborto procurado es la eliminación deliberada y directa, como quiera que se realice, de un ser humano en la fase inicial de su existencia, que va de la concepción al nacimiento.”

De manera similar, un uso incorrecto del lenguaje es empleado frecuentemente hoy día para atacar la institución del matrimonio y para justificar los actos homosexuales.  Hablando de este problema antes de ser elegido como sucesor de San Pedro, el Papa Benedicto XVI (en aquel tiempo el Cardenal Ratzinger), emitió la Instrucción a la Congregación de la Doctrina para la Fe titulada “La atención pastoral a las personas homosexuales.”

En esta Instrucción, el Santo Padre explica que las personas homosexuales, así como todas otras personas, tienen una dignidad y valor proporcionado por Dios.  Al mismo tiempo, los actos homosexuales, al igual que todos otros actos sexuales fuera del matrimonio, siempre son malos.  Por consiguiente, él dice (#15) Pero se debe dejar bien en claro que todo alejamiento de la enseñanza de la Iglesia, o el silencio acerca de ella, o pretexto de ofrecer un cuidado pastoral, no constituye una forma de auténtica atención ni de pastoral válida. Sólo lo que es verdadero puede finalmente ser también pastoral. Cuando no se tiene presente la posición de la Iglesia se impide que los hombres y las mujeres homosexuales reciban aquella atención que necesitan y a la que tienen derecho.”

El continúa diciendo (#17), “Se deberá retirar todo apoyo a cualquier organización que busque subvertir la enseñanza de la Iglesia, que sea ambigua respecto a ella o que la descuide completamente. Un apoyo en este sentido, o aún su apariencia, puede dar origen a graves malentendidos.”

Afectando la sociedad entera

Cuando las falsedades atacan la institución del matrimonio y socavan la defensa de la vida humana inocente, no tan solo son amenazadas las vidas individuales, sino que también es rasgada y debilitada la estructura entera de la sociedad. Mentiras, bajo cualquier forma, rompen las relaciones sociales, disminuyen la confianza entre personas, y abren la puerta a la violencia.

 Mentiras así tan grandes requieren una respuesta concertada de la Iglesia y de la gente de buena voluntad en la sociedad que practican la virtud de la verdad y que  exponen las mentiras dondequiera que surjan.

Con respecto a esto, los medios de comunicación juegan un papel importante por la calidad de información que ellos proporcionan y por el tipo de promoción cultural que ellos emprenden. Como enseña el Catecismo de la Iglesia Católica (#2494), “La sociedad tiene derecho a una información basada en la verdad, la libertad, la justicia y la solidaridad.”  

El Relativismo:
La incapacidad de ver y proclamar la Verdad

Cuando la verdad disminuye, la desconfianza sigue, y particularmente la desconfianza de las personas en posiciones de autoridad.  Dicha desconfianza afecta muchas áreas de la sociedad moderna, tanto personas en cargos públicos como maestros y policías y líderes de la Iglesia incluyendo sacerdotes y obispos. Esto ha llevado a la manera de pensar de que la verdad sólo se encuentra en individuos, o sea, solo en la misma persona. Como resultado de tal relativismo, tan desenfrenado hoy día, muchas personas sostienen que la verdad es determinada de acuerdo a lo que “yo” pienso es la verdad.  Así es que oímos frases como: “ Yo tengo mi verdad y tu tienes la tuya.” Obviamente, esta declaración es completamente ilógica.  Dos declaraciones contradictorias no pueden ser verdad.

El problema más angustioso con el relativismo, y su desconfianza inherente de la autoridad, es que deja a las personas en una isla, cada una tratando de encontrar la verdad por sí misma.  Esto conduce no tan solo a la confusión y al error sino también a una gran angustia.  El sufrir es inevitable cuando damos la espalda a la Verdad, es decir, Dios.

¿Quién nos rescatará de esta situación desesperada?  El Espíritu Santo lo hará, aquel que Jesús llama el Espíritu de Verdad y Amor.  Y lo hará a través de las personas de fe que están comprometidas a la verdad y que tienen el valor de hablar la verdad en amor.

La Verdad es Una

Negar la existencia de la verdad objetiva es caminar de manera ciega por la vida, nunca estando arraigado en algo más grande que el individuo en “sí mismo.”  Pero creer en Dios nos rescata de tal locura.  Por medio de la fe, descubrimos que toda verdad es una, que no se puede contradecir a sí misma, y que no hay tal cosa como las verdades que compiten.

Sea encontrada en las ciencias o a través de la Revelación Divina, la verdad sirve a cualquier persona que la encuentra.  Y lleva a esa persona a un conocimiento más completo de sí misma y a un conocimiento más profundo de Dios y de su Providencia Divina.  Mientras mejor conocemos la verdad de las cosas, mejor podemos dirigirnos hacia nuestra misión particular en la vida y hacia nuestro destino eterno.

Copyright 2006 The Catholic Sun.

Self-Giving Love: Humanae Vitae's paradoxical wisdom

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Part Two

Part Three

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Part Five

Knees to Love Christ

Part One

Part Two

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Biography

Born: Jan. 21, 1947
Ordained a priest: July 2, 1973
Ordained a bishop: April 20, 1999
Installed as fourth bishop of Phoenix: Dec. 20, 2003

His Ministry

Nov. 2004: Appointed to 3-year term as chair of U.S. Bishops’ Committee on Priestly Formation.

Dec. 20, 2003-Present: Bishop of the Diocese of Phoenix

2002-2003: Bishop of the Diocese of Wichita, Kansas.

1999-2001: Coadjutor Bishop of the Diocese of Wichita.

1997-1999: Rector and President of the Pontifical College Josephinum.

1993-1997: Dean of Personal Formation at the Pontifical College Josephinum, Columbus, Ohio.

1989-1993: Pastor, St. Vincent de Paul Parish, Seward, Neb.

1979-1988: Assistant at the Secretariat of State of the Holy See, and assistant spiritual director at Pontifical North American College, Rome.

1976-1979: Doctoral studies at the Pontifical Gregorian University, Rome.

1973-1976: First assignment as a priest. Associate Pastor of Cathedral of the Risen Christ, Lincoln, Neb.



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