Local News

Nation/World

News Briefs

Editorial

Letters to the Editor

Bishop Olmsted

Perspectives

Media/Arts

Flickr Photos

Faith Alive

Classifieds

La Comunidad

Sunbeams

Publication Schedule

About Us

Phoenix Diocese

Catholic News Service

Catholic Online

Vatican

USCCB

‘No darás falso testimonio contra tu prójimo’

Primera Parte

El problema con la verdad

Cuando una amiga de la escritora Peggy Noonan le preguntó, “¿Cómo puede uno encontrar a Dios?”  ella le respondió “¡Encuentra pro-blemas!” Problemas es lo que podemos encontrar si siempre obedecemos el octavo mandamiento.  La verdad y la conveniencia no siempre van mano a mano.  Tampoco la verdad y la comodidad.  Pero aún cuando la verdad no hace la vida más fácil, sí hace la vida mucho mejor.  Nos acerca a Cristo quien es la Verdad en si, y como El nos promete (Juan 8:32), “La verdad los hará libres.”  A un amigo mío le gusta decir con una sonrisa, “Claro, pues, la verdad te hará libre; pero primero, ¡te hará miserable!”

Testigo a la verdad

¿Por qué Dios no dijo simplemente, “No mientas”? ¿No es eso el equivalente a decir, “No des falso testimonio contra tu prójimo”?   De ninguna manera. Efectivamente, el octavo mandamiento claramente prohíbe mentir, pero hay mucho más en juego cuando Dios habla de “dar testimonio.”

De hecho, dar testimonio está al centro de ser un amigo y seguidor de Jesús.  La palabra en griego para “testigo” es “martys,” y de allí viene la palabra en español “mártir.”  Los mártires son, por supuesto, testigos por excelencia.  Recuerden lo que Cristo dice a sus discípulos poco antes de ascender a los cielos (Hechos 1:8) “Ustedes recibirán la fuerza del Espíritu Santo que vendrá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra.” Ser testigo de Cristo requiere mucho mas que solamente no mentir.  Un testigo habla con sus actitudes y acciones, por medio de sus convicciones y sacrificios, por su perseverancia y alegría.  Los testigos a veces hablan por medio de su silencio, cuando el silencio es hecho por la verdad y el amor.  Santo Tomás More, el heroico mártir Inglés, es un ejemplo excelente de esto. 

Jesús, el testigo fiel

En el libro del Apocalipsis, el mismo Jesús es descrito como (1:5) “el testigo fiel, el primogénito de entre los muertos, el rey de los reyes de la tierra.”  El Rey de Reyes nunca pide de nosotros lo que El mismo no ha vivido ya completamente.  Su vida entera en la tierra dio testimonio fiel a su amor por el Padre y por nosotros, aunque no somos dignos de tal amor. 

Jesús atestigua a la verdad del amor del Padre. Recuerden el diálogo famoso entre Jesús y Poncio Pilato que giró alrededor de la palabra “verdad.” Cuando Pilato falla miserablemente en actuar según la verdad debido a su propia cobardía, Jesús le dice claramente (Juan 18:37), “Para esto vine al mundo, para ser testigo de la verdad.”

El Catecismo de la Iglesia Católica, al explicar el sentido e implicaciones del octavo mandamiento, enfatiza el deber que tenemos como Cristianos a ser testigos del Evangelio tanto en palabra como en hechos, hasta el punto de derramar sangre (CCC #2473), “El martirio es el supremo testimonio de la verdad de la fe; designa un testimonio que llega hasta la muerte.  El mártir da testimonio de Cristo, muerto y resucitado, al cual está unido por la caridad.  Da testimonio de la verdad de la fe y de la doctrina cristiana.  Soporta la muerte mediante un acto de fortaleza.”

‘Dominar la lengua’ 

La obediencia al octavo mandamiento no es tan fácil debido a varias razones, muchas de ellas relacionadas con el orgullo y el poder.  El Salmo 52 pinta un cuadro gráfico del problema (versos 3-6), “Prepotente infame, ¿por qué te jactas así de tu maldad?  En todo tiempo estás urdiendo maldades, inventor de engaños, tu lengua es una navaja bien afilada.  Amas el mal y aborreces el bien, prefieres la mentira a la verdad.  Mala lengua embustera, amas toda palabra perversa.”

El Apóstol Santiago, en su Carta del Nuevo Testamento, usa imágenes de un caballo, un barco y un fuego para recalcar qué tan difícil es dominar la lengua.  Por ejemplo, él escribe (3:5), “Basta una llama pequeña para incendiar un bosque inmenso.  La lengua también es un fuego.  Es un mundo de maldad nuestra lengua; mancha a toda la persona y comunica el fuego del infierno a toda nuestra vida.  Animales salvajes y pájaros, reptiles y animales marinos de toda clase son y han sido dominados por el hombre.  La lengua, por el contrario, nadie puede dominarla.” 

El dominio de la lengua no se ha hecho más fácil en los dos mil años desde que Santiago escribió esas palabras.  Mark Twain habló con sorna al declarar que hay 869 maneras de mentir. Y estas mentiras, él declaró, son de diferentes grados de gravedad. “Hay mentiras ordinarias, hay mentiras malditas, y al fin, ¡hay estadísticas!

Jesús subraya la batalla a la que nos enfrentamos al llamar al diablo (Juan 8:44) un  “mentiroso y padre de toda mentira.”  Dominar la lengua es más que un ejercicio en dominio de sí mismo.  Nos compromete a la guerra espiritual, en la cual con la gracia de Dios rechazamos a Satanás, sus tentaciones falsas y promesas vacías.  Para dominar la lengua, tenemos que depender del Espíritu Santo, el Espíritu de verdad que nos guía a toda verdad (Cf Juan 16:13).  Para vivir la verdad en amor también se requiere que seamos fieles a Cristo quien es (Juan 14:6), “el camino, la verdad y la vida.”    

Vive la verdad primero — entonces háblala

Para poder dar testimonio a la verdad, y para evitar dar falso testimonio en contra de nuestro prójimo, tenemos que empezar por poner la verdad en práctica.  Las palabras que hablamos suenan falsas si no proceden de una vida de integridad, si no son precedidas por el esfuerzo diario de vivir la verdad en amor.

Jesús nos advierte en contra de la verbosidad y la racionalización. El dice (Mateo 5:37), “Digan sí, cuando es sí, y no cuando es no; porque lo que se añade lo dicta el demonio.” 

Y San Pablo escribe a los Efesios (4:22-24) “Ustedes saben que tienen que dejar su manera anterior de vivir, el hombre viejo cuyos deseos falsos llevan a su propia destrucción.  Han de renovarse en lo más profundo de su mente por la acción del Espíritu para revestirse del Hombre Nuevo.  Este es el que Dios creó a su semejanza, dándole la verdadera justicia y santidad.” 

Que honor es ser un testigo para Cristo.  Y eso es lo que cada uno de nosotros es por la gracia del Bautismo.  La gracia de Dios nos prepara a ser testigos fieles de El que venció al padre de las mentiras por medio de su Cruz y quien estableció un Reino de amor y verdad.  Y El nos envía como sus testigos, no tan sólo en Jerusalén y Galilea pero también en Phoenix y Prescott, en Mesa y Bullhead City. 

La palabra de Dios proporciona la luz que un testigo fiel necesita.  Jesús nos prometió que esto ocurriría.  Porque El dijo (Juan 8:31-32), “Si guardan siempre mi palabra, entonces conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.”  

En las próximas ediciones de The Catholic Sun, examinaré con más detalle algunas de las ofensas contra las cuales luchamos frecuentemente hoy en día, tanto las mentiras grandes que oscurecen la sociedad entera como los pequeños engaños que poco a poco corrompen el corazón.

Copyright 2006 The Catholic Sun Newspaper. All Rights Reserved. Contact The Catholic Sun.