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‘No robarás’

Primera Parte

Desde el escándalo d Enron, hasta el cambio fraudulento de acciones, desde el  robo en las tiendas hasta los salarios injustos, desde la evasión de impuestos hasta la contaminación del medio ambiente, desde la falsificación de cheques hasta el holgazanear en el trabajo, nuestra sociedad actual despliega en abundancia las violaciones del mandamiento de Dios de “No robarás.” Y los ejemplos anteriores no incluyen el robo a mano armada, el cual es uno de los crímenes más comunes en América hoy.

Mientras consideramos el Séptimo Mandamiento, entonces, lo hacemos en un tiempo en que el respeto por las personas y su propiedad está por el suelo. Si leen el periódico se darán cuenta de los muchos reportes de crímenes que violan el Séptimo Mandamiento. Pero en vez de enfocarnos en las violaciones de la ley de Dios, con las cuales ya estamos bien familiarizados, consideremos las cosas positivas que Dios nos pide cuando dice, “No robes.”

La creación es para todos

El Catecismo de la Iglesia Católica dice esto con respecto al Séptimo Mandamiento (CIC #2401), “Prescribe la justicia y la caridad en la gestión de los bienes terrenos y de los frutos del trabajo de los hombres. Con miras al bien común exige el respeto del destino universal de los bienes y del derecho de propiedad privada. La vida cristiana se esfuerza por ordenar a Dios y a la caridad fraterna los bienes de este mundo.

Noten pues que, además del ya necesario “no” al robo, hay un “sí” mucho más grande a la corresponsabilidad de los regalos de Dios. Y esta corresponsabilidad está guiada por dos principios: el derecho a la propiedad privada por una parte y el destino universal de los bienes por la otra. El segundo de estos principios toma precedencia sobre el primero; también guía la manera en que la propiedad privada debe ser usada. En cuanto a esto, el Catecismo enseña (CIC #2402-5),

La propiedad de un bien hace de su dueño un administrador de la providencia para hacerlo fructificar y comunicar sus beneficios a otros, ante todo a sus próximos. 

Los bienes de producción — materiales o inmateriales — como tierras o fábricas, profesiones o artes, requieren los cuidados de sus poseedores para que su fecundidad aproveche al mayor número de personas. Los poseedores de bienes de uso y consumo deben usarlos con templanza reservando la mejor parte al huésped, al enfermo, al pobre.”

Dios ha bendecido a muchas personas con la habilidad y oportunidad de ser  exitosas. Con este éxito viene la responsabilidad solemne de contribuir al bien común. 

La Enseñanza Social de la Iglesia

Durante el último siglo y medio, desde el comienzo de la revolución industrial, la Iglesia ha experimentado un desarrollo significante de su doctrina social, a veces llamada el “Evangelio social.” Este desarrollo tuvo lugar, bajo la dirección del Espíritu Santo, al mismo tiempo que se cuestionaban nuevamente las dimensiones éticas del trabajo y la propiedad. También se desarrolló en medio del comunismo, socialismo, capitalismo y varias otras ideologías que a veces han tenido un impacto profundo en las vidas de los hombres, mujeres y niños. El impacto muchas veces ha sido positivo, aunque en otros tiempos ha sido radicalmente negativo.

Todavía hoy día, mientras que la Iglesia busca maneras más efectivas de propagar el Evangelio de Cristo, promover la buena corresponsabilidad, confrontar las ideologías falsas, y enfrentar las nuevas realidades sociales, ella se dedica a la enseñanza social. En otras palabras, “propone principios de reflexión, extrae criterios de juicio, da orientaciones para la acción” (CIC #2423). 

Estos esfuerzos de la Iglesia han producido un cuerpo importante de enseñanzas morales y teológicas sobre la actividad económica, la justicia social, el trabajo humano y las responsabilidades de gobiernos y ciudadanos. Yo exhorto qué todos se familiaricen más con esta enseñanza, empezando con el resumen breve que se encuentra en el Catecismo (CIC #2419ff). Para más información sobre este tema, pueden consultar el recientemente publicado “Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia.”

La enseñanza social de la Iglesia proporciona dirección en varios asuntos desafiantes pero esenciales. Ejemplos de estos son: qué constituye un salario justo, cúando es moralmente justificable recurrir a la huelga, y si los programas de seguridad social sean legítimos. No es difícil entender la razón por la que esta enseñanza es importante y pertinente para la gente de hoy.

Amor por los pobres

Con los avances tecnológicos que han hecho el viajar y la comunicación rápida y económica para muchos, estamos mucho más conscientes de los sucesos en el mundo y su impacto en la gente, especialmente los pobres. Sabemos de la diferencia entre las naciones que son ricas en recursos y las que sufren de la pobreza extrema. Este conocimiento trae consigo la responsabilidad adicional que tenemos por la buena corresponsabilidad de los recursos de la Tierra.

En este respecto, el Catecismo nos recuerda (CIC # 2439), “Las naciones ricas tienen una responsabilidad moral grave respecto a las que no pueden por sí mismas asegurar los medios de su desarrollo, o han sido impedidas de realizarlo por trágicos acontecimientos históricos. Es un deber de solidaridad y de caridad; es también una obligación de justicia si el bienestar de las naciones ricas procede de recursos que no han sido pagados con justicia.

Las naciones, sin embargo, no responden ni responderán a batallar las desigualdades económicas y sociales entre las naciones a menos que los individuos se comprometan a esta meta. Es la razón por la que Jesús repetidas veces llama a Sus seguidores a amar a los pobres (Cf. Mateo 5:42, 10:8). Y es el porque el servicio fundamental de la Iglesia a los pobres siempre ha tenido un lugar primario en su misión. “El amor de la Iglesia por los pobres…pertenece a su constante tradición. Está inspirado en el Evangelio de las bienaventuranzas, en la pobreza de Jesús, y en su atención a los pobres. No abarca sólo la pobreza material, sino también las numerosas formas de pobreza cultural y religiosa. El amor a los pobres es incompatible con el amor desordenado de las riquezas o su uso egoísta” (CIC # 2444).

La pobreza viene de muchas formas; así también como el amor a los pobres — los  pobres en lo material, lo espiritual y lo cultural.  En Cristo, quien se hizo pobre para que nosotros fuéramos ricos en la misericordia de Dios, encontramos como tratar con nuestra propia pobreza y amar a los otros en la suya. También encontramos la inspiración para servir a los pobres, empezando con los que están más cerca a nosotros. Todos los mandamientos, incluyendo “No robarás,” encuentran su cumplimiento en la práctica de la justicia y el amor.

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