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Diócesis recibe dos sacerdotes nuevos
Por Mary Moore
The Catholic Sun
En la vigilia de la Fiesta de Pentecostés, el Espíritu Santo continuó el buen trabajo empezado por Dios en las vidas de dos hombres que ahora residen como sacerdotes ordenados en parroquias de la Diócesis de Phoenix.
El Padre John Greb y el Padre John Lankeit fueron ordenados en el ministerio sacerdotal el 3 de junio en la Catedral de San Simón y Judas.
En medio de las lágrimas alegres de familia, amigos y líderes espirituales, los dos hombres avanzaron al sacerdocio en una ceremonia llena de espíritu y tradición que duró dos horas.
Las personas que llenaron la catedral fueron testigos al proceso en que los diáconos de transición Greb y Lankeit tomaron el sacramento del Orden. Durante la ceremonia sacramental bilingüe, los dos hombres recibieron la Imposición de las Manos en la que el obispo y otros sacerdotes de la diócesis invocaron el Espíritu Santo para dar carácter sagrado a los ordenados.
Una parte especialmente emocionante de la ceremonia ocurrió cuando los dos hombres se postraron en el piso mientras que la Letanía de los Santos era cantada, simbolizando su dependencia en Dios y en las oraciones de la comunidad de la Iglesia en la tierra y de los santos en el cielo.
También parte de la ceremonia fue la investidura con la estola y casulla, las prendas que distinguen al sacerdote y a su oficio. El ungimiento de las manos de los nuevos ordenados por el obispo y la entrega del Pan y Vino fueron dos pasos de la ceremonia de ordenación que enfatizaron el papel del sacerdote como un sirviente que debe morir a si mismo para poder llevar a cabo su papel como pastor.
Este tema de servicio y sacrificio fue el énfasis de la homilía del Obispo Thomas J. Olmsted, quien tomó la forma de un padre impartiendo sabiduría a sus hijos al empezar un gran viaje.
Recurriendo a la imagen del Buen Pastor en la lectura del Evangelio, el obispo subrayó para los dos hombres la necesidad de que “siempre tengan sus ojos en el Buen Pastor quien vino no a ser servido, pero a servir.”
Añadió que cada sacerdote debe resistir cualquier tentación de actuar como el “asalariado” del Evangelio de San Juan que abandona a las ovejas cuando viene el lobo, ya sea “el lobo de verdad a medias y de decepciones o de dificultades y tentación.” Les aseguró que habría veces en que sus palabras no serían populares, pero como las palabras de Cristo permanecerían como la “verdad que nos hace libres.”
“Sean a la vez pastor y cordero, guiando a su rebaño a pastos verdes, y estén listos a entregar sus vidas por ellos,” aconsejó el obispo, añadiendo que aunque Cristo fue el pastor, también fue el cordero de sacrificio cuando llegó el momento.
Aquel que contesta la llamada de Dios a ser sacerdote también contesta su llamada a ser víctima, dijo el obispo. Sobre todo, les recordó que deben estar bien arraigados en la oración diaria con Jesús y a meditar en la Ley del Señor.
“Los fieles esperan solo una cosa de los sacerdotes,” dijo él. “Piden que seamos expertos en la vida espiritual.”
Para Rita Martín, feligresa de la parroquia de Santa Helena, la ceremonia de ordenación de los Padres Lankeit y Greb fue su primera, y fue algo que la conmovió a través de todo el evento.
“Fue tan espiritual. El cielo se abrió y uno podía sentir el poder y la fuerza de Dios,” dijo ella.
También presentes en la catedral estuvieron el clero, miembros de órdenes religiosas, y seminaristas tanto de la Diócesis de Phoenix como de otras partes del país.
La Hermana Mary JoAnna, miembro de las Claras de Adoración Perpetua, dijo que la ceremonia de ordenación inspiró a todos presentes.
“Ver el poder del sacerdocio a través de una ordenación es una gran manifestación del amor del Señor continuado por el hombre,” dijo ella. “Y también fue una revelación a cada uno de los fieles de su propia vocación a seguir a Dios completamente y con más conformidad.”
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