Obispo ordena tres hombres jóvenes al sacerdocio

El Obispo Thomas J. Olmsted y el Obispo Auxilio Eduardo A. Nevares posan con los nuevos ordenados sacerdotes, de la izquierda a la derecha, el P. Tim Seavey, el P. Daniel Cruz y el P. Atanasio Fornwalt, FHS, después de su ordenación el 3 de junio en la Parroquia Todos los Santos en Mesa. (Billy Hardiman/CATHOLIC SUN)

El Espíritu Santo derramó dones extras para la Diócesis de Phoenix en el fin de semana de Pentecostés: tres nuevos sacerdotes.

El Obispo Thomas J. Olmsted ordenó al P. Daniel Cruz, al P. Atanasio Fornwalt, FHS; y al P. Timothy Seavey al sacerdocio el 3 de junio. Familiares, amigos y feligreses de sus respectivas parroquias, y aquellos a quienes servirán, así como personas que apoyaron su formación en el seminario con oraciones y económicamente, cómodamente llenaron la Parroquia Todos los Santos (All Saints) para la ocasión.

El público en sus bancas estaba expectante cuando los ordenandos entraron a la iglesia y avanzaron en procesión hacia el altar. Algunos, como las Hermanas Franciscanas de la Caridad, quienes sirven en la Reservación India Salt River y parroquianos de sus áreas de misiones, tenían razones extras para capturar momentos especiales de la Misa.

El P. Atanasio Fornwalt, FHS, ofrece uno de sus primeras bendiciones al Obispo Thomas J. Olmsted después de la Misa de su ordenación el 3 de junio. (Billy Hardiman/CATHOLIC SUN)

El P. Atanasio es el primero en ser ordenado como Fraile Franciscano del Espíritu Santo y les servirá a ellos. Cinco de sus compañeros fundadores de la orden ya eran sacerdotes y estaban incardinados a la diócesis cuando la fundaron hace cerca de un año.

Con una capucha gris bajo su vestimenta y sandalias en sus pies, era fácil distinguir cuál ordenando era el Franciscano. El sacerdocio va más allá de un tipo de vestimenta sin embargo. Se trata de llevar a cabo públicamente el trabajo de Jesús como maestro, sacerdote y pastor.

“Dejen que la santidad de sus vidas sea una delicada fragancia para los fieles de Cristo de manera que, con la palabra y el ejemplo, ustedes edifiquen la casa que es la Iglesia de Dios”, les dijo el Obispo Olmsted a los que pronto serían sacerdotes.

Su homilía ofreció formas concretas de construir la Iglesia en tiempos modernos. Permaneciendo cercanos y compasivos para compartir el sufrimiento de alguien es de suma importancia, así como lo es perdonar los pecados a través del consejo y la confesión.

El Obispo Olmsted llamó “gracia de Dios y plan amoroso” al hecho de que el pueblo de Dios llamará ahora “Padre” a cada nuevo sacerdote. “Permitan que este nuevo título les recuerde cada día, que el Señor Jesús les está llamando a ver con los ojos de su cuerpo y los ojos de su alma el sufrimiento de los niños”, les dijo.

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Se refirió a los niños de todas las edades, pero especialmente a aquellos lastimados por “una sociedad del divorcio sin culpa” y mujeres post abortivas. El sufrimiento se extiende a todo aquel con pecados sin confesar.

“Las heridas del alma y de la psiquis continúan”, señaló el Obispo. “Pero, tan pronto como confesamos nuestros pecados la misericordia libera, la gracia trae sanación y la alegría brota de nuevo; no una alegría libre de sufrimiento, pero que se encuentra unida al sufrimiento”, añadió.

Perdonar los pecados es una de las primeras cosas que los nuevos sacerdotes hacen. Y los sacerdotes primerizos no necesitan el recordatorio, pero el Obispo Olmsted les aconsejó realizar cada aspecto de su ministerio con constante alegría y amor genuino.

El P. Daniel Cruz recibe el cáliz por el Obispo Thomas J. Olmsted, un símbolo de su ministerio sacerdotal, momentos después de su ordenación al sacerdocio. (Billy Hardiman/CATHOLIC SUN)

Eso vendrá naturalmente para el P. Cruz, dijo Robert Mares, un viejo amigo de la familia. “Tú nunca lo verás sin una sonrisa”.

Su madre, Frances Cruz, dijo que su único hijo tiene una personalidad que atraerá a la gente a Cristo”.

“El amor que él tiene por la gente – él siempre tuvo eso en él”, expresó. Era apropiado entonces, que ella apuntara a la belleza y la paz que el pueblo de Dios trajo a la Misa de ordenación.

“Tú podías sentir todo el amor ahí”, manifestó Frances.

La multitud oró por los jóvenes mientras ellos estaban postrados frente al altar durante la letanía de todos los santos. Ellos esperaron silenciosa y pacientemente mientras los obispos y docenas de sacerdotes impusieron sus manos en cada uno en una oración silenciosa de ordenación. Ese momento causó lagrimas a la madre del P. Atanasio. Ella tiene un hijo y una hija, pero siente como si todos los sacerdotes son sus hijos ahora.

“Hoy estoy muy jubilosa”, dijo. “Estoy muy emocionada por el cambio que él va a hacer en la vida de las personas. No toma gloria por ello. El da todo a la gloria de Dios”, explicó.

Kathy Seavey, madre del P. Seavey, dijo que la Misa de ordenación estuvo hermosa y bien organizada. Una mezcla de emociones la embargaron ese día: orgullo, júbilo, amor y alivio de que el largo camino de discernimiento de su hijo llegaba a su fin.

Ella atesoró las palabras del Obispo de ayudar a los laicos a entender el compromiso de cada sacerdote. Ella describió a su hijo como humilde, compasivo y fácil para hablar con él.

“Ello ayuda a que los jóvenes en la parroquia sepan que pueden hablar con un sacerdote. Cuando un sacerdote joven es accessible, eso hace toda la diferencia en el mundo”, dijo Seavey.

Anterior Diáconos Daniel Cruz, Atanasio Fornwalt, FHS, y Tim Seavey, en frente del altar momentos antes de sus ordenaciones sacerdocio el 3 de junio. (Billy Hardiman/CATHOLIC SUN)

Como los hombres de la hora, los nuevos sacerdotes dejaron bien claro que estaban dedicados totalmente a la Iglesia.

“Física y espiritualmente nosotros entregamos nuestras propias vidas. Fuimos tan humildes como podríamos ser frente al Señor”, dijo el P. Seavey acerca del momento de la postración. Lo comparó un poco a la Escritura de las liturgias del Miércoles de Ceniza – del polvo al polvo – y eso le recordó que mientras los ordenandos murieron a sí mismos sobre el piso fresco de la iglesia, se convirtieron en alguien nuevo: Cristo para otros.

“Estoy muy emocionado por decir Misa y escuchar confesiones, ya que no podía hacer eso antes. Esas son las dos cosas que quiero poner bajo mi vida por ahora”, expuso el P. Atanasio. En cuestión de unas cuantas horas recibió ofertas de ambas.

Nuevo ordenado P. Tim Seavey concelebra la Eucaristía por la primera vez a su Misa de ordenación el 3 de junio. (Billy Hardiman/CATHOLIC SUN)

El trío de sacerdotes se vieron asombrados durante la Liturgia de la Eucaristía. Ellos han pasado años sirviendo en el altar en varias formas, pero esta vez fue marcadamente diferente.

“Cuando nos reunimos alrededor del altar, comenzamos las palabras de la Oración Eucarística, me di cuenta que estaba diciendo la Oración Eucarística por primera vez (como sacerdote). Mi sacrificio realizado con Cristo iba a ser realizado”, expresó el P. Seavey. Él aceptó que tuvo un llanto interno de alegría y sorpresa.

Él encontró un momento especial al invocar los nombres de algunos de los santos. Recordando que es la misma Misa que ha sido ofrecida desde la Última Cena y desde el Calvario, la hizo más especial aún.

El P. Atanasio coincidió: “Vas a través de todo el rito. Piensas en la imposición de las manos. Piensas en la unción de las manos. Entonces llegas al altar y ahora eres sacerdote y se trata de la Eucaristía”.

Los sacerdotes compartieron las oraciones de consagración y ayudaron a repartir la Comunión a los fieles. Cuando el Obispo Olmsted ofreció unas reflexiones finales y la larga procesión al aire libre se acercaba a su finalización, aplausos, porras y sonrisas llenaron la iglesia entera. Fue un fin de semana para celebrar los dones del Espíritu Santo y los nuevos sacerdotes de la diócesis los multiplicarán todos a través de su ministerio.

“Las gracias de las órdenes sagradas son reales. “Es sumamente maravilloso”, dijo el P. Cruz.