Año de la Vida Consagrada concluye con llamado a ‘ser la luz de Cristo’

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Hermanas religiosas de las Misioneras de la Caridad realizan una vigilia afuera de la Basílica de Santa María antes de una procesión y Misa que marcaron el fin del Año de la Vida Consagrada el 1 de febrero. (Nancy Wiechec/CATHOLIC SUN)
Hermanas religiosas de las Misioneras de la Caridad realizan una vigilia afuera de la Basílica de Santa María antes de una procesión y Misa que marcaron el fin del Año de la Vida Consagrada el 1 de febrero. (Nancy Wiechec/CATHOLIC SUN)

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Con una Misa que empezó con una procesión candelabra desde el patio al este de la Basílica de Santa María, el Año de la Vida Consagrada concluyó en la Diócesis de Phoenix el 1 de febrero.

Hombres y mujeres consagrados a lo largo de la diócesis se reunieron para celebrar la ocasión con una Misa de vigilia de la Presentación del Señor, la fiesta del 2 de febrero que también significa la conclusión del Año de la Vida Consagrada en toda la Iglesia.

Las festividades comenzaron bajo la sombra de los árboles de mesquite. Con sus velas, un grupo de monjas jóvenes de la Sociedad de Nuestra Señora de la Santísima Trinidad hablaron del año y lo que significó para ellas.

El Año de la Vida Consagrada fue “una celebración de lo que Dios nos ha llamado a ser”, dijo la Hna. Maria Mater Dei Fritz, SOLT, maestra de tercer grado en la escuela Santísima Trinidad y quien ha sido hermana religiosa por cinco años. Una cosa que ella siempre recordará del año fue el día de vocaciones que las hermanas SOLT hicieron. “Hablamos con ellas sobre la vida religiosa e hicimos un proyecto de servicio para las misiones”, dijo la Hna. Maria Mater Dei. Han tenido una serie de muchachas pidiendo información, dijo, incluyendo algunas de sus alumnas.

La Hna. Mary Joy Bernklaut, SOLT se unió a ellas en el 2008 y profesó votos en el 2011. “Para mí, ha sido un tiempo para enfocarme en el regalo que la vida consagrada es para la Iglesia entera y también reflejar en el regalo que es para mí personalmente”, dijo ella. Elegir la vida religiosa fue el resultado de “una profunda convicción de que Cristo me estaba llamando a esto y que yo encontraría mi felicidad siguiendo su plan para mí”.

El Obispo Auxiliar Eduardo A. Nevares, quien fue miembro de los Misioneros de Nuestra Señora de La Salette por 25 años, dio la homilía en la Misa bilingüe que tomó lugar el 1 de febrero.

“Han pasado 40 días desde que celebramos la Navidad cuando nos regocijamos que Cristo, la Palabra hecha carne, ha venido a ser la luz para nuestro mundo”, dijo el Obispo Nevares. “Tomamos las velas bendecidas para recordarnos que cada uno de nosotros hemos sido iluminados por Cristo Jesús en nuestro bautismo y para recordarnos que Jesús debe ser nuestra luz de cada día”.

Una manera en que la luz de Cristo es compartida en el mundo hoy día, dijo el obispo, es el testimonio de los hombres y mujeres religiosos. “Ellos han encontrado al Señor en una forma profunda y personal y han llegado a conocer el amor con que Jesucristo murió en la Cruz por la salvación del mundo”, dijo el Obispo Nevares. “Tienen una llamada especial de Dios Todopoderoso a responder generosamente, para responder totalmente”.

Más de 20 comunidades religiosas sirven en la Diócesis de Phoenix, dijo él, trayendo “la luz de Cristo a tantos que están en gran necesidad de la misericordia de Dios”.

El Obispo Thomas J. Olmsted, quien celebró la Misa, señaló que las mujeres y los hombres religiosos fueron los encargados de evangelizar a Arizona en sus primeros años y hoy son “un vital testimonio al Evangelio por su persona misma”.

“Damos gracias a Dios por el regalo de la vida consagrada y por el año que se celebró y por la manera en que ustedes nos ayudan a llevar adelante la misión de la Iglesia aquí en la Diócesis de Phoenix”, dijo el Obispo Olmsted.

También agradeció a los miembros de varias organizaciones laicas que asistieron a la Misa y que apoyan las vocaciones religiosas, como el Club Serra, los Caballeros de Colón, los Caballeros y Damas de Malta y la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro.

La Hna. Anthony Mary Diago, RSM, directora diocesana de la Oficina de la Vida Consagrada, dijo que el Año de la Vida Consagrada fue un momento para dar gracias por el regalo de la vida religiosa. Mientras ella y docenas de otros procesaron por el patio antes de la Misa, dijo que pensó sobre la llamada de mujeres y hombres religiosos de “manifestar el amor de Dios a todo el mundo. Qué hermosa vocación es reflejar la luz de Cristo y llevar a la gente a Dios”.

Parado a las afueras de las puertas de la basílica, el Hno. Scott Slattum, OFM, quien ha sido un Franciscano por siete años y profesará sus votos perpetuos este verano, reflexionó sobre lo que el Año de la Vida Consagrada significó para él.

La celebración durante todo el año fue un recordatorio, dijo, a “tratar de vivir más fielmente, a preocuparse más por los pobres, los marginados, las personas que están sufriendo … y recordar que es con ellos con quien estoy llamado a estar — con el Pueblo de Dios y vivir de una manera más auténtica”.

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