La agudización de la crisis de abuso urge la necesidad de una Misa de Sanación y Reconciliación

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Este foto representa velas en una iglesia. La Misa de Sanación y Reconciliación será celebrado el 11 de diciembre para sobrevivientes de abuso y sus familias. (Foto Archivo)
Misa de Sanación y Reconciliación

5:30-7:30 p.m, el 11 de diciembre

Parroquia San Jerónimo, 10815 N. 35th Ave., Phoenix

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La agudización de la crisis en la Iglesia tras las revelaciones sobre el abuso sexual clerical en Pensilvania y las denuncias sobre el ex Cardenal Theodore E. McCarrick, apuntan a una necesidad aún mayor de reconciliación y sanación ahora.

La Diócesis de Phoenix celebrará su Misa bianual de Sanación y Reconciliación para los sobrevivientes de abusos y sus familias, el próximo 11 de diciembre en la Parroquia San Jerónimo en Phoenix.

La Misa, que se celebra cada Adviento y Cuaresma, originalmente tenía la intención ofrecerse por las personas perjudicadas por los abusos sexuales cometidos por el clero, según la Dra. Anne Vargas-Leveriza, directora de la Oficina de Protección de Niños y Jóvenes y Capacitación para un Ambiente Seguro de la diócesis, pero “hay una mayor necesidad de llegar a nuestra comunidad porque el abuso ocurre en todas partes, no hay un lugar ni una hora ni una edad específicos”.

Para las víctimas, el abuso pudo haber ocurrido hace décadas, pero las cicatrices y el dolor persisten. Puede resultar difícil para la familia y los amigos entender la gravedad del sufrimiento.

“Es importante que las personas sepan que estamos aquí, seguimos estando aquí, no nos vamos y estamos caminando con ellos en su proceso de sanación”, dijo Vargas-Leveriza.

“También es una oportunidad para que los sobrevivientes se presenten y sepan que tenemos esto: hay una oficina dedicada a abogar por los sobrevivientes, donde se sentirán cómodos de contar su historia”, añadió.

Cerca de 100 personas generalmente asisten a la Misa de Sanación y Reconciliación, y la mayoría se forman para hablar con el Obispo Thomas J. Olmsted después. Él se toma tiempo hablando con cada uno de ellos. “Siempre hay lágrimas durante la Misa”, señaló Vargas-Leveriza.

“El abuso de niños y jóvenes es un mal terrible en nuestro tiempo”, dijo el Obispo Olmsted. “El sufrimiento y la pena causados por el abuso requieren del Cuerpo de Cristo, la Iglesia, una respuesta vigorosa de la acción y la oración. Dado que algunos miembros de la Iglesia han sido culpables de tales abusos, es aún más importante que nos reunamos para una Misa de Sanación y Reconciliación para los abusados, y por sus familias y amigos”.