On Dec. 30, 2016, the Feast of the Holy Family, a revised Rite for Marriage began to be used throughout the English-speaking Church. It is called The Order of Celebrating Matrimony. Though much of the Rite remains the same, the changes serve to deepen the beauty of the symbolic expression of marriage, as well as to radiate the unchanging truth of marriage in our culture.
En 30 de diciembre de 2016, en la fiesta de la Sagrada Familia, un Rito Revisado para el Matrimonio comenzó a ser utilizado en toda la Iglesia anglosajona. Se llama la Orden para Celebrar el Matrimonio. Aunque gran parte del Rito sigue siendo el mismo, los cambios sirven para profundizar en la belleza de la expresión simbólica del matrimonio, así como para irradiar la verdad inmutable del matrimonio en nuestra cultura.
La Iglesia nos ha dado una nueva traducción al inglés de su orden de celebración de matrimonio. Este nuevo documento litúrgico nos ofrece una buena oportunidad para la catequesis sobre la vocación del matrimonio en la Iglesia y la sociedad. Teniendo en cuenta esto, a partir de hoy, examinaré algunas de las ideas frescas y nuevas prácticas litúrgicas encontradas en este maravilloso nuevo ritual.
The Church has given us a new English translation of her Order of Celebrating Matrimony. This new liturgical document offers us a good opportunity for timely catechesis on the vocation of marriage in the Church and society. Considering this, beginning today, I shall lift up some of the fresh insights and new liturgical practices found in this wonderful new ritual.
“Toma al niño y su madre, huye a Egipto …”. Con este comando del ángel, José, en medio de la noche, huyó de la masacre que Rey Herodes planificó para el niño Jesús; y la Sagrada Familia se convirtieron en refugiados (Mateo 2:13f).
“Take the child and his mother, flee into Egypt …” With this command from the Angel, Joseph, in the middle of the night, fled the massacre that King Herod intended for the child Jesus; and the Holy Family became refugees (Mt 2:13f).
My mother and father’s 73-year marriage came full circle several weeks ago as Mom and the rest of our family lovingly ushered my father to the goal of their union from the beginning: the merciful encounter with our heavenly Father when this earthly life is done. The little church where we celebrated the funeral Mass was filled to overflowing with those touched by the truth, goodness and beauty of my parents’ deeply loving and fruitful, even if not perfect, union.
El matrimonio de 73 años de mi padre y mi madre volvió al punto de partida hace varias semanas cuando mi mamá y el resto de nuestra familia guiamos con amor a mi padre al objetivo de su matrimonio desde el principio: un encuentro misericordioso con nuestro Padre celestial cuando se termina esta vida terrena. La pequeña iglesia donde celebramos la Santa Misa del funeral estaba llena a rebosar con las personas que habían sido tocadas por la verdad, la bondad y la belleza de la unión profundamente amorosa y fructífera, aunque no perfecta, de mis padres.
Hoy quiero considerar el trabajo pastoral de los sacerdotes, que, en la dirección espiritual y confesión, buscan ayudar a otros a encontrar la Amoris Laetitia, “La alegría del amor”. Previamente durante este año, el Papa Francisco, que ha hecho de la confesión un tema constante de su pontificado, escribió en su reciente libro, “El Nombre de Dios es Misericordia”, “Es importante que vaya al confesionario, que me ponga a mí mismo frente a un sacerdote que representa a Jesús, que me arrodille frente a la Madre Iglesia llamada a distribuir la misericordia de Dios. Hay una objetividad en este gesto, en arrodillarme frente al sacerdote, que en ese momento es el trámite de la gracia que me llega y me cura”.
Today I wish to consider the shepherding work of priests, who, in spiritual guidance and in confession, seek to help others to encounter the Amoris Laetitia, the “Joy of Love.” Earlier this year, Pope Francis, who has made Confession a constant theme of his pontificate, wrote in his recent book, “The Name of God is Mercy,” “It is important that I go to Confession, that I sit in front of a priest who embodies Jesus, that I kneel before Mother Church, called to dispense the mercy of Christ. There is objectivity in this gesture of genuflection before the priest; it becomes the vehicle through which grace reaches and heals me.”